Omar Zambrano, octubre 2024
el amor del hombre consciente hacia el mundo, libre de ataduras de un ego limitante, abierto a compartir su energía con otros respetando el libre albedrío de aquellos que buscan la paz y de los que no buscan tener la razón. El amor que nos fue otorgado por algo más grande y que es destruido por algo más pequeño. El amor que por milenios ha sido fomentado y que sigue siendo opacado. El amor opacado que está resurgiendo. Resurgiendo desde corazones nuevos que han comprendido el propósito de la humanidad de vivir en armonía, en paz, en hermandad. El amor que como humanos tenemos codificado en el adn y replicado en los que vienen.
El entendimiento del amor desde la creación, brincando murallas de creencias y programaciones desde la humanización. Humanización que deja ver la parte humana propia del ser, respecto a su conciencia colmada de aprendizajes impuestos. Una humanidad que ha sido traída a experimentar lo que en el ahora existe para en él “después” disfrutar de otra experiencia, siendo éste “antes” la oportunidad de evolución. Evolución desde las emociones que llevan a un corazón a amar o a odiar; a un corazón a odiar y perdonar; a un corazón a llorar y aprender; a un corazón a reir y compartir. Si todos pudiéramos entender que el amor justamente es de y para “todos” y la paz por “todos”. Sin importar creencias y religiones; sin importar tener la razón sobre la verdad y el ego de la conciencia.
Nos han sido dadas herramientas para aprender y crecer nuestro espíritu a través de diversas culturas que hoy son conocidas en el mundo que lanza gritos de ayuda. El respeto, sin embargo, pareciera ser algo que no es fomentado en la lucha de la razón sobre la verdad. Cuán importante es la verdad sobre el respeto. El respeto para compartir una verdad. Una verdad que a todos nos ha sido dada por el simple hecho de ser lo que somos: espíritu, alma, cuerpo, mente sin distinción de ubicación geográfica. ¿de ubicación geográfica? así es, que tan afortunado o desafortunado aquel que nació en un sitio donde no conoce lo que otros conocemos; o los que no conocemos lo que aquellos de un recóndito lugar conocen. Humanos amorosos que en otros lugares han evolucionado para trascender guiados por un Dios,y por enseñanzas distintas a las nuestras con un mismo fin. Cuando el humano se establece en un rol de árbitro y no de jugador. En un portador de la razón y no de la verdad. En un defensor de la verdad y no del camino para llegar a ella. En un camino y no en un guía. En un guía y no en un acompañante. En un acompañante y no en un hermano. Un hermano amoroso compasivo que mediante el respeto comparte el amor sin cuestionamientos ni juicios. Un humano que al respetar fomenta y demuestra el amor.
La historia es registrada para aprender de ella. En que momento lograremos aprender de lo que nos ha limitado a compartir nuestra hermandad y saldremos en defensa del amor, sin prejuicios, sin distinciones, sin discriminación, sin querer tener la razón. Así como en la diversidad de idiomas y lenguas del mundo, una palabra en común: “amor” es conocida; su mensaje traducido respecto al concepto se basa en el mismo fundamento. La traducción la podemos entender y respetar. ¿Por qué después de entenderla estamos aún sujetos a aceptarla según las creencias? Aunque claro, las conceptualizaciones pueden ser interpretadas de distintas maneras y siempre existirán las posturas extremas. Sin embargo, lo que el corazón siente y transmite es igual para todos. La búsqueda de esa conceptualización, puede empañar el verdadero origen y sentido de la palabra que debería unir al humano. Unir al humano, no separarlo.
Un propósito de pasar un mensaje de amor y paz en distintas lenguas. Un mensaje que con urgencia debe ser transmitido y sigue siendo interceptado. Afortunadamente, estamos en tiempos en que más personas logran dar el valor suficiente al “amor” para superar el nivel analítico que permite unir los corazones. La unión sólo será posible cuando entendamos que nuestra esencia es la misma aunque nuestra mente sea programada diferente; que nuestro corazón tiene un propósito más elevado de lo que imaginamos, y que el proceso de la búsqueda de la verdad será más sutil cuando sea guiado por el amor.
Creo en un mundo en el que nos podamos unir como hermanos y que el mensaje pueda ser entregado sin importar lo que nos diferencía. Como bien se dice: “la unión hace la fuerza”. estamos aquí para unirnos. Cuando el día llegue, lo que importará sobre todas las cosas, será el amor de un Dios que nos ama por igual con compasión y misericordia; que quiere por igual a su creación, y que afortunados serán los que lo perciban. Se requiere valor para llegar a un punto en que nos tomemos de las manos y caminemos en hermandad sin querer tener la razón por distinción.
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