Omar Zambrano, noviembre 2024
Los tiempos de Dios se dice que son perfectos. los momentos del hombre tal vez imperfectos. El hombre que con su libre albedrío acepta o rechaza muchos de esos momentos para cruzar umbrales de aprendizaje, emociones y sentimientos. Cuando pasamos por experiencias dolorosas que apagan nuestro fuego para cerrar nuestro umbral al sufrimiento, pero un día de la nada algo se activa que genera una explosión interna como fuego ardiente en el corazón. Una llama que trae consigo confusión, preguntas, inseguridades, desconocimiento, descontrol, regreso al pasado, pero a la vez una sensación de amor puro y desinteresado. Ese amor por el que hemos sufrido antes, y hemos reprimido para protegernos. La confusión del amor incondicional o amor universal con enamoramiento; el amor que hemos conocido regularmente por conceptos de pareja y/o familia como hijos. Ese amor que no solo nos llena sino que enciende nuestros motores internos para actuar, para soñar, para crear, para compartir. Esa chispa que da luz a nuestra vida proveniente del exterior para encender la nuestra. Cuando hemos dejado de creer y de pronto sucede algo fuera de nuestro plan, pero tal vez dentro del plan divino. Ese momento en que ahora creemos que existe, pero que no puede ser real. Más aún, cuando estamos conscientes que el amor debe iniciar de dentro hacia afuera, y entonces aparece un cierto nivel de culpabilidad por saberlo, pero no poder parar de sentir lo que la otra chispa ha encendido. Chispas divinas de Dios, que van por la vida descubriendo nuevos horizontes y oportunidades, para toparse con personas nuevas (o tal vez no tan nuevas según la reencarnación) que sean sus maestros, y con la esperanza de llegar al maestro compañero del amor.
Cuando llegas al maestro del amor, y tienes que comprender que lo que sientes lo has conocido como enamoramiento, desde el instante que dos almas se conectan y sienten una profunda sensación difícil de explicar, pero es una situación imposible de desarrollar. Comprender que el amor como nos ha sido enseñado desde la pareja o la familia, resulta ser algo más grande que nosotros mismos. Ese amor que nos origina temor y huimos, cuando tendríamos que abrazarlo y disfrutarlo. Nuestro corazón entra en confusión por la magnitud de lo que sentimos. Nuestro cuerpo está en erupción sin rumbo y que si no cuidamos puede quemar todo a su paso arruinando lo que se encuentra cercano. ¿Te ha sucedido? tener el valor de decir: “Te Amo”, y te responde: “Gracias, pero no es posible” ó “mejor nos distanciamos”. Como seres de energía, ese intercambio seguramente ha ocurrido en ésta y tal vez otra vida; la negación al hecho inminente, o simplemente las circunstancias o la naturaleza misma del ser no permite que se culmine el intercambio pleno de energía. El conocido proceso del “enamoramiento”. Más cruel aún cuando existe el sentimiento mutuo, pero los envases físicos no coinciden con la preferencia del espíritu (hombre-mujer/hombre-hombre/mujer-mujer). ¿Renuncias o lo aceptas? Aceptación desde lo que realmente es el “Amor”, amor incondicional entre personas que quieren hacer un mundo mejor. ¿Cómo se siente entonces el amor?.
Es maravilloso cuando el fuego se enciende, y así como una locomotora impulsa la marcha. El conflicto es la manera en que hemos aprendido sobre el Amor, y que en la carencia de gestión, esa marcha se va de reversa y hasta se descarrila -amor y desamor-. El amor debería impulsarnos a seguir. Ese fuego que calienta nuestro corazón mantenerlo para algo más grande y fabuloso. El corazón es la clave para nuestra conección con algo más grande. Es increíble cuando se expande, la capacidad que nos da para reencontrarnos a nosotros mismos; a esa persona guardada muy al fondo con temor y con ganas que fueron perdidas. El amor es capaz de expandir nuestra energía de una manera increíble; suficiente para llegar espiritualmente en minutos a lo que hemos intentado por años. Es así, que mi experiencia comienza a dar un sentido nuevo a mi perspectiva y superar eventos del pasado. Desde una perspectiva ha sido: “renunciar a la persona por la que sentí amor de pareja, para “aceptar a la persona que vino a ser mi maestro de amor. No solo a ser mi maestro sino que ha activado lo que estaba dormido en mi interior después de tantos golpes. Un maestro que incluso tenga tal vez más golpes que yo, y que aún así fue capaz de emanar amor puro desde su encarcelado corazón. Cuando me pregunto por qué la vida nos puso en envases incompatibles para elevar ese sentimiento a otro nivel, se acerca mi amiga y me cuenta la misma historia, aunque fisiológicamente su envases son compatibles. Así que en un mar de sentimientos y preguntas, resuelvo que finalmente nuestra humanidad es más compleja de lo que podía pensar. Claramente, nuestras almas no tienen sexualidad, color, ni envase físico. Si en otras vidas fuimos hombres y mujeres, ¿entonces qué determina la preferencia del espíritu? será tan real que dos almas son capaces de unirse, pero tan irreal que el cuerpo, la mente y las emociones sean incapaces de ser compatibles.
Una gran amiga ha conocido a su actual pareja por un encuentro almico en otro plano, y que tuvieron la oportunidad de encontrarse en éste. Siempre le comento de lo afortunada que es, no solo al haberse encontrado, sino de un montón de factores determinantes en que esas almas se puedan o no unir. Le digo: imagina que hubieras sido hombre y no mujer, o que estuvieran en momentos de su vida personal o emocional que no les permita estar juntos. Coincidir en algún momento, pero no en el estado mental necesario para unirse. El plan divino es tan majestuoso, y nuestra humanidad tan vulnerable. Incluso en un libre albedrío poder negar la oportunidad que la vida trae porque no estamos listos. Creo mucho en el proceso y en los tiempos de Dios, pero también creo en ese libre albedrío por el que pasamos por alto lo que la vida ya nos está dando.
Siento que en numerosas ocasiones hemos renunciado al “amor” por no aceptar el “amor incondicional” y basar nuestro pensamiento tan solo en la creencia del amor de pareja. Voilá! creencias y más creencias! tanto hemos aprendido y tan poco comprendido. tanto hemos sentido y tan poco asimilado. tanto hemos vivido y tan poco convivido. tanto hemos dado y tan poco intercambiado. tanto hemos hablado y tan poco escuchado. tanto hemos temido y tan poco enfrentado. tanto hemos callado y tan poco comunicado. tanto hemos creído y tan poco elegido. No creer, como creencia. Creer como elección.
El estruendo del amor en el corazón elevado a una categoría mayor. Una categoría en la que el amor una y no separe. ¿Cómo es posible que el amor separe? es una locura! pero claro, ese amor trasladado a obsesión es uno de los mayores enemigos del humano. Una obsesión tóxica sin ningún nivel de conciencia. ¿Será que no nos enseñaron a gestionar el amor? Queremos seguir siendo protagonistas de la novela de televisión de moda. Aprender que ese sentimiento de amor puede generar resultados grandiosos y no solo para una, sino para dos o más personas, ha sido una lección fundamental. Sigue siendo aún una labor importante pero no imposible en mi corazón. Estoy seguro que llegado el día de una comprensión más plena sobre el amor, los humanos podremos relacionarnos de una manera distinta regocijados por un abrazo amoroso, mirar juntos las estrellas soñando con un mundo de paz, compartir una mirada de esperanza, sentir el corazón de la otra persona sin quererlo poseer -amar un corazón sin querer poseerlo-.
¿Que tal cuando se llega al punto en que se siente tanto amor dentro que no se sabe como sacarlo?
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